Creo que la actual distinción entre izquierda y derecha debe descansar en dos ideas: una, el intervencionismo; otro, la dicotomía entre ser y deber ser. Veamos el panorama político actual que se ha configurado, a mi entender:
Derecha: Se debate entre el liberalismo salvaje y el
populismo intervencionista (intervenciones a favor de los potentados y sus
cuentas de resultados, claro está). Detrás quedaron los totalitarismos de Dios
y el partido. La economía se ha convertido en un simple juego de cifras, y si
no me salen las cuentas, emito deuda pública y ya está; total, hace mucho que
es imposible pagar la deuda (izquierda) o restrinjo servicios públicos y así me
salen (derecha). En resumen, tiburones o sardinas: que cada palo aguante su
vela o nademos juntos para sobrevivir.
Izquierda: ha dicho adiós a la lucha de clases de Marx. Cada
vez hay menos clase trabajadora (camina hacia su extinción) y más vasallos. El
trabajador, ni se ha hecho dueño de los medios de producción (y cuando algún
grupo lo ha hecho se ha convertido en élite) ni ganas que tiene. Además, se ha
perdido el carácter de ciudadano acomodado de clase media, cuyo hecho por otra
parte, y a ojos revolucionarios, constituye una traición. Por eso la izquierda
no habla ya de proletariado ni lucha de clases, sino de una amalgama de quienes
estén o se consideren agraviados (o agraviadas).
Por eso, hay dos principios diferenciales y de vigente
actualidad. El intervencionismo, por supuesto entendido en grado parcial, no es
afecto al liberalismo, pero sí a la social democracia. En grado total (solo
como única solución en circunstancias excepcionales) es afín tanto a derechas
como a izquierda autoritarias.
El segundo principio parte de la dicotomía ser/deber ser. El
ser es lo descriptivo, y el deber ser es lo normativo, lo ético. Ambos tienen
carácter ontológico, pues son, están ahí, como lo está algo tan inmaterial como
el amor o el odio. La derecha no otorga al deber ser el mismo rango que al ser,
pues afirman: “el mundo es como es y las cosas son como son, lo demás es utopía”.
La respuesta de la izquierda podría ser: “el deber ser es el modo de ser más característico
del ser humano, pues somos los únicos animales que podemos elegir y elegimos”.
Por ello, y como humano que soy, no puedo eliminar el deber
ser. Con ello abrazo la capacidad transformadora del ser humano que, como de
ello mismo se desprende, comprende el intervencionismo. Mi forma de pensar podría
llamarse Viabilismo, cuya base se fundamenta en establecer cuáles son
los principios rectores de una sociedad, que entiendo así[1]:
1. Explotar los recursos que otorgue el suelo patrio y vivir de ellos.
2. Las decisiones soberanas nunca vendrán desde fuera de la patria.
3. Sostener la patria en el tiempo (eutaxia política), con los cambios y transformaciones que se precisen.
4. Impedir que ninguna ideología o sistema vulnere los principios anteriores.
Dejo a un segundo nivel asuntos como: la democracia, la
definición de donde reside la soberanía, el debate entre estado centralista o autonómico,
etc. Estos conceptos estarán subordinados a los principios rectores, que conllevan
dos premisas: solidaridad práctica (no cándida) y libre expresión (no
necesariamente vinculante).
Es el triunfo del deber ser y de la intervención, si se precisa. La izquierda coherente, solidaria y productiva, en la cual me sitúo y por cuya razón me desmarco de la derecha y de la actual izquierda.
[1] Patria:
herencia de suelo, gentes y culturas que heredamos de nuestros padres y
transmitiremos a nuestros hijos. Este concepto engloba y sustituye a nación y
estado.
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